Por José Irán Moreno Santos
El paso de Isabel Díaz Ayuso por México dejó una estela negativa para lo que ella representa, que es la presidenta de la Comunidad de Madrid, y también para la política y políticos mexicanos del partido de gobierno y para quienes la invitaron.
La visita era supuestamente oficial y consideraba tres objetivos: promover inversiones madrileñas en varios estados del país, conocer y ofrecer oportunidades de negocios, fortalecer los lazos culturales y promover el turismo.
Se menciona que fue invitada por el empresario Salinas Pliego y por el Partido Acción Nacional, lo que demostró su falta de institucionalidad y respeto a su investidura, ya que ella gobierna para todas y todos los madrileños y no para un sector, grupo o núcleo; perdió el sentido de su responsabilidad gubernamental institucional y actuó como dirigente partidista y promotora de ideas conservadoras. En este sentido, perdió la política y los intereses de los madrileños, sus empresarios y el turismo que buscaba promover para el beneficio de su sociedad.
Pierden quienes la invitaron, Salinas Pliego, los panistas y la priista Alessandra Rojo de la Vega, porque hicieron de esta visita un espectáculo político, ideológico y de confrontación que en nada beneficia a empresarios mexicanos y madrileños interesados en invertir; tampoco hay acercamiento cultural por sus reivindicaciones históricas e ideológicas, y menos de promoción turística, porque ambas entidades se descalificaron y se agredieron como entes políticos bárbaros.
Una visita oficial e institucional significa reunirte con tu homóloga, en este caso con la jefa de Gobierno de la CDMX, más allá de sus posiciones políticas e ideológicas, así como con gobernadores de otros signos ideológicos; pero pudo más la insensatez que la responsabilidad.
Pierde la política, porque no informaron los anfitriones ni la invitada de los acuerdos alcanzados, las inversiones a desarrollar, los aportes culturales a impulsar y la invitación de ir a Madrid de vacaciones. No plantearon nada de futuro, solo retórica y demagogia de ambas partes.
Pierde Morena y el gobierno federal por dejar la política institucional y bajarse al nivel de Isabel Díaz Ayuso; es claro que no han entendido que son Gobierno, representan al Estado mexicano y al partido de gobierno, y que deben conducirse políticamente por encima de cualquier injuria, mentira o descalificación.
A la derecha populista se le vence con argumentos, aprendan de Pedro Sánchez; el gobierno mexicano y Morena parecen ser igual de populistas y retóricos que la derecha española, solo descalificando y dizque reivindicando nuestros orígenes sin hablar del futuro y del México del siglo XXI. México perdió una vez más ante la comunidad internacional por el populismo nacionalista humanista. Lastimaron una vez más la investidura y la institucionalidad; el comportamiento y las declaraciones no fueron correctas.
La Comunidad de Madrid y México perdimos más por el comportamiento y declaración de los políticos que por nuestros verdaderos intereses.
Los proyectos políticos se muestran en el ejercicio de gobierno y en el bienestar de la sociedad, no en discursos descalificadores o en imposiciones de pensamiento.
Ayuso dejó una estela negativa que cubrió a sus anfitriones y logró sacar el peor rostro del gobierno y su partido; ganó la insensatez y perdió la política. ¿En qué momento la política se convirtió en circo y en qué momento se perdieron las formas políticas entre extranjeros y mexicanos?
Hay que reflexionar; esto no es conveniente, es patético.
NOTA DE PROTESTA
Condenable que los gobiernos de Venezuela y Nicaragua reaccionen cuando se aplican medidas de fuerza y liberen presos políticos, pero su reacción es insuficiente, por lo que seguimos demandando libertad de todos los presos políticos en Nicaragua, Venezuela y Cuba.
Nos solidarizamos con los periodistas en México y demandamos justicia para aquellos que han sido asesinados por ejercer su trabajo de informar a la sociedad.
No a la extraterritorialidad de las leyes, alto total al unilateralismo.
México debe dejar su retórica nacionalista y velar por las democracias latinoamericanas más allá de sus coincidencias políticas, y fijar un posicionamiento sensato, claro, contundente, objetivo y progresista frente a los imperialismos de Estados Unidos, Rusia, China e Israel.
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