Por Catalina Rosas
La lógica económica del movimiento de la cuarta transformación rompió parcialmente con el modelo neoliberal aplicado en México durante décadas. En lugar de apostar exclusivamente por apertura económica, privatización y disciplina fiscal, el nuevo modelo priorizó:
- Aumentos históricos al salario mínimo,
- Programas sociales universales,
- Fransferencias directas,
- fortalecimiento del mercado interno,
- Subsidios sociales,
- Obras públicas estratégicas,
- y una mayor intervención del Estado en sectores clave.
La frase “Por el bien de todos, primero los pobres” dejó de ser consigna política para convertirse en eje económico. El gobierno sostiene que esa redistribución del ingreso fortaleció el consumo interno y permitió que sectores históricamente marginados mejoraran ingresos y acceso a bienestar.
Las cifras utilizadas provienen principalmente del Banco Mundial, INEGI, mediciones de pobreza multidimensional. De acuerdo con esos datos, la pobreza pasó de alrededor de 41.9% en 2018 a cerca de 29% en 2024, mientras la clase media habría crecido de manera acelerada.
Para la 4T, esto demuestra que: subir salarios sí reduce pobreza, los programas sociales sí generan movilidad, y el crecimiento económico no necesariamente debe beneficiar primero a las élites para después “derramarse”. Uno de los pilares más visibles fue el incremento al salario mínimo.
Durante décadas, México mantuvo uno de los salarios más bajos de América Latina. Con la 4T: el salario mínimo tuvo aumentos acumulados sin precedentes, crecieron las pensiones, aumentaron becas y apoyos sociales, y se fortaleció el ingreso de millones de hogares. Muchos economistas reconocen que el aumento salarial sí impactó positivamente el ingreso de los sectores más pobres. Incluso organismos internacionales han admitido que México logró una reducción importante de desigualdad en años recientes.
Por primera vez el crecimiento benefició abajo, disminuyó la desigualdad, y millones de familias recuperaron capacidad de consumo y movilidad social.
Eso explica por qué la pobreza y el bienestar aparecen constantemente en las mañaneras y discursos presidenciales. Para la presidenta Claudia Sheinbaum, los datos representan la prueba de que el modelo “humanista” funciona.
El dato de “12 millones fuera de la pobreza” es probablemente el mayor triunfo político y simbólico del movimiento de la cuarta transformación. Representa una ruptura narrativa con el México neoliberal y fortalece la idea de que el Estado puede redistribuir riqueza de forma más directa.
En este 1º de Mayo, el debate sobre el trabajo en México dejó de centrarse únicamente en cifras macroeconómicas para colocar en el centro la vida cotidiana de millones de familias. El modelo impulsado por la Cuarta Transformación convirtió al salario, al empleo y al bienestar social en instrumentos políticos y económicos de redistribución, rompiendo con décadas en las que el crecimiento convivió con bajos ingresos y profunda desigualdad.
Los aumentos al salario mínimo, la expansión de programas sociales y el fortalecimiento del mercado interno permitieron que millones de mexicanos recuperaran capacidad de consumo, estabilidad y esperanza de movilidad social. Para el gobierno de la presidenta Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, ahí radica la mayor legitimidad de la transformación que encabeza su administración demostrar que una economía enfocada en los trabajadores también puede reducir pobreza y reactivar el país desde abajo.
Pero el desafío histórico apenas comienza. La verdadera prueba no será únicamente cuántos salieron de la pobreza, sino cuántos podrán mantenerse fuera de ella en un contexto global marcado por inflación, desaceleración económica y nuevas desigualdades tecnológicas. México enfrenta ahora el reto de consolidar empleos formales, productivos y sostenibles que permitan convertir el bienestar social en desarrollo duradero.
El Día del Trabajo de 2026 encuentra a México en medio de una transición económica y social profunda. Por primera vez en muchos años, el trabajador volvió al centro del discurso nacional.